Julio de 1980. A vísperas de la transición democrática, en el Perú existe alrededor de 30 universidades, de las cuales la tercera parte son privadas.
Noviembre 9 de 1996. El Congreso de la República promulga el Decreto Legislativo N° 882, Ley de Promoción de la Inversión en la Educación. Ahora todo persona natural o jurídica puede crear o adquirir centros educativos con fines de lucro.
Enero del 2004. Hay un total de 33 universidades públicas y 47 privadas. Sesenta cuenta con rectorado y el resto está en proceso de conformar uno.
Cuarto trimestre del 2008. Miriam Cabra Bravo, enfermera del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado–Hideyo Noguchi”, recibe una solicitud para enseñar en la Universidad Privada Los Ángeles de Chimbote, en la sede del Cono Norte, de parte de Gladys Godos Lozada. La sede está localizada en Michel Fort 298, San Martín de Porres, a la altura de la cuadra dos de Eduardo de Habich. Ésta resulta ser una vivienda común y corriente, y las aulas son simples habitaciones.
Al ingresar en el edificio, Miriam es recibida por un señor que parece ser trabajador de construcción (debido a que llevaba un martillo y otras herramientas), una chica que andaba en sandalias y la propia Gladys. Miriam conoció a Gladys en un evento en el colegio I.E. 3030 “Santísima Cruz”, donde la vio interpretando canciones folklóricas. Más tarde Miriam se enteraría que aquella mujer que salió a alegrar los comensales con pintorescas estrofas, era, según ella misma, abogada y conocía de enfermería.
Miriam deja su currículum en el local de la Universidad, y antes de retirarse, Gladys le comenta las razones por las que quiere que Miriam enseñe ahí: porque los siete cursos que dictan en la sede los enseña ella sola, Gladys, y los alumnos están un poco aburridos y prefieren ver a alguien más.
La Universidad Privada Los Ángeles de Chimbote estableció su sede en el Cono Norte a través de un convenio con la empresa Educa Perú E.I.R.L., según la página web de la propia Universidad, aunque dicha empresa no figura en los registros de la Sunat.
Según aparece en las Páginas Amarillas, el domicilio fiscal de Educa Perú E.I.R.L es la misma vivienda que está en Michel Fort, San Martín de Porres, pero el número telefónico que registra (4815755) corresponde a otra vivienda que está a cuatro cuadras de distancia.
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¿Es éste un caso particular o es acaso el paradigma de los centros educativos superiores con fines de lucro? ¿Cuánto ha afectado la proliferación de universidades privadas a la calidad de la enseñanza?
Para esclarecer estas dudas conversamos con Diana Revilla Figueroa, docente de la Facultad de Educación de la Universidad Católica desde 1984, con un diplomado en Autoevaluación de Carreras Universitarias.
¿Cómo ve que ha cambiado la calida de la enseñanza en los últimos tiempos?
Yo creo que en el siglo XIX la educación sí está sufriendo cambios fuertes debido a la alta competencia y la exigencia de la validación, tal como lo señala la Nueva Ley Universitaria. Ésta exige profesores calificados para que la plana docente sea de calidad.
¿Qué determina que un profesor sea de calidad?
Hay dos contextos en donde los docentes se forman: las facultades de Educación y los institutos pedagógicos. En éstos últimos encontramos más estudiantes debido a que son más económicos.
Ahora, ninguno de los dos basta porque el profesor debe buscar cómo perfeccionar su estudio con maestrías o diplomados, lo que le da otra condición. Para ello hay que buscar que el profesor haga investigaciones y las publique. Incentivar eso depende de las políticas que cada universidad o instituto, pero la gran mayoría lo hace.
Muchas veces vemos a un mismo profesor trabajando en varias universidades al mismo tiempo, en unas con mayor prestigio que otras. ¿Qué determina finalmente la calidad de un centro de estudio? ¿El profesor o la institución?
Depende de ambos. Lo que sucede es que hay universidades que cuidan más a su plan de enseñanza, sus normas, que a su profesorado. Otras, más bien, dan mayor libertad al profesor. No hay un estudio formal que diga si uno vale más que el otro, pero en sí depende de ambas cosas.
¿Cree que el hecho de que haya más universidades ha perjudicado la calidad de la enseñanza?
Hay un incremento de universidades, sí, pero no todas surgen en la mejor condición. Pero el número de centros educativos no es un problema siempre que el profesor sepa su materia, conozca de educación y sepa comunicar los conocimientos. No es suficiente con que conozca su especialidad. Lo que se cuestiona es la calidad del servicio, no la cantidad. Yo creo que sucede todo lo contrario: que el mayor número de universidades hace que más educadores estén calificados.
¿Pero no cree que hay una desigualdad entre estas universidades?
Claro, hay universidades que buscan ser más lucrativas, que se preocupan más por vivir día a día que del asunto de la exigencia (educativa). Por eso hay universidades cuyas carreras no están acreditadas, que deben mejorar su plana docente y su infraestructura. Estas universidades deben mejorar con presión externa.
¿Y por qué muchas no lo hacen?
Porque, aunque todas deberían regirse según la Ley Universitaria, muchas universidades se gobiernan como les da la gana. Es así que uno encuentra una gran diversidad de ofertas educativas, cronogramas y costos.
¿Cuál es el perfil del estudiante de Educación?
Los estudiantes de Educación son de perfil variado, son personas con vocación social, que por lo común han escogido esta profesión porque no han logrado ingresar en otras carreras, pero que en el camino han ido descubriendo su vocación educativa. Son de estratos económicos medios y bajos, y provienen en su mayoría de colegios estatales.
Si bien hay más facultades de Educación, ¿cree que la cantidad de gente que quiera ser profesor ha descendido?
La cantidad de alumnos ha ido descendiendo. En el caso de la Universidad Católica, en la década del 80 habían 82 alumnos en la Facultad de Educación. Luego esa cantidad fue reduciendo a 60, luego a 40 y hoy en día hay entre 32 a 35 alumnos. ¿Por qué? Yo creo que se está asegurando la selectividad, ya que la cantidad de vacantes también ha ido decreciendo.
Pero en las (universidades) estatales la cosa es diferente: son (económicamente) más cómodas y tienen más vacantes. Hablamos de cantidades como de 200 personas. De que hay gente, hay gente. Otra cosa es dónde quieren estudiar, si en un instituto o en una universidad. El mejor ejemplo es la Universidad La Cantuta, en Chosica, que está completamente dedicada a lo que es educación.
¿Cree que esa demanda se deba a que es una profesión remunerativa?
No (risas), definitivamente no. Cualquiera que se dedique a esta profesión la ejerce en diferentes lugares. Muy pocos reconocen al docente, por eso no todas las (universidades) privadas pagan bien. No es una carrera como para que digas “voy a hacerme rico”. Uno busca siempre otros ingresos que complementen lo que uno gana en la universidad.
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martes, 1 de diciembre de 2009
lunes, 21 de septiembre de 2009
Por un mejor y más lucrativo teatro peruano
Por: Ronald Cotaquispe
Conversando con una amiga que trabajó como anfitriona en ‘La pulga en la oreja’, se me ocurrió de pronto preguntar qué tal les había ido con la obra, a lo que ella me respondió “excelente, un verdadero éxito”. Pero no satisfecho con la respuesta, decidí ser más inquisitivo y preguntar esta vez por los niveles de asistencia, a lo que contestó diciendo “muchos”. Y cuando exigí un dato más exacto o un mínimo criterio para haber llegado a esa conclusión, sólo se remitió a decirme “porque sí”.
Esta simple anécdota, aunque pueda parecer insignificante a primera vista, puede ser más ilustrativa de lo que pensamos, sobre lo equivocado que podemos estar al imaginar que efectivamente hay un “boom” de las obras de teatro sin tener una cuenta real de los espectáculos realizados y su recaudación. Para entender esto debemos revisar dos conceptos: eficiencia y eficacia.
Estos dos conceptos elaborados por Peter Ferdinand Drucker tienen que ver con la gestión de organizaciones, específicamente con el cumplimiento de las metas elegidas y la productividad (mayor producción con menos insumos). Para el caso de los espectáculos, la eficiencia y la eficacia podría remitirse a dos cosas: la asistencia del público y la recaudación generada.
Es cierto que la cantidad de obras de teatro en el Perú, y sobre todo en Lima, ha aumentado significativamente, pero asumir por ello que estas tienen los niveles de asistencia y recaudación deseados, sin haber realizado el más mínimo cálculo de la venta de entradas, sería un error. Eso sería como suponer que la educación superior ha mejorado sólo porque la cantidad de universidades e institutos ha ido aumentando, cuando en realidad no es así.
El Instituto Nacional de Cultura (INC) no tiene ni una cifra aproximada. La oficina de Difusión y Promoción de dicha entidad apenas tiene una relación de los espectáculos que se realizan en el local del Museo de la Nación, y nada sobre la recaudación obtenida. Lo mismo sucede con el Ministerio de Educación, en la Dirección de Promoción Escolar, Cultura y Deporte (DIPECUD), cuya directora, la señora Carolina Varón, aseguró que tal información no existe.
Los datos referenciales no aportan más de lo que se podría obtener chequeando las agendas culturales de El Comercio o el catálogo de Teleticket. A esta incertidumbre también se suman algunas opiniones adversas de especialistas del medio, como el actor Carlos Gassols, quien en la entrevista que le hizo elcomercio.com.pe después de ser homenajeado en el último Festival de Cine de Lima, afirmó que en el teatro peruano “la oferta es superior a la demanda”.
Tener mayor información sobre la venta de entradas es de suma importancia, teniendo en cuenta que existen entidades como la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático o la Universidad Católica, que otorgan títulos de educación superior en dicha materia. Esto podría ayudar a generar una mejor plana docente y hasta darle mayor valor económico a la profesión.
El Segundo Estudio de Seguimiento de Egresados PUCP, elaborado por la Dirección Académica de Planeamiento y Evaluación (DAPE), revela que más de la mitad de alumnos de la especialidad de Artes Escénicas percibe menos de 500 dólares mensuales por su trabajo, mientras que casi el 70 por ciento desempeña trabajos ajenos al teatro.
El INC y el Ministerio de Trabajo deberían preocuparse por hacer estudios estadísticos del teatro peruano y ver si efectivamente el aparente “boom” es una realidad o sólo una suposición aceptada por la mayoría. Esta labor sería muchos más provechosa que malgastar tiempo y recursos realizando obras de mediana envergadura.
Conversando con una amiga que trabajó como anfitriona en ‘La pulga en la oreja’, se me ocurrió de pronto preguntar qué tal les había ido con la obra, a lo que ella me respondió “excelente, un verdadero éxito”. Pero no satisfecho con la respuesta, decidí ser más inquisitivo y preguntar esta vez por los niveles de asistencia, a lo que contestó diciendo “muchos”. Y cuando exigí un dato más exacto o un mínimo criterio para haber llegado a esa conclusión, sólo se remitió a decirme “porque sí”.
Esta simple anécdota, aunque pueda parecer insignificante a primera vista, puede ser más ilustrativa de lo que pensamos, sobre lo equivocado que podemos estar al imaginar que efectivamente hay un “boom” de las obras de teatro sin tener una cuenta real de los espectáculos realizados y su recaudación. Para entender esto debemos revisar dos conceptos: eficiencia y eficacia.
Estos dos conceptos elaborados por Peter Ferdinand Drucker tienen que ver con la gestión de organizaciones, específicamente con el cumplimiento de las metas elegidas y la productividad (mayor producción con menos insumos). Para el caso de los espectáculos, la eficiencia y la eficacia podría remitirse a dos cosas: la asistencia del público y la recaudación generada.
Es cierto que la cantidad de obras de teatro en el Perú, y sobre todo en Lima, ha aumentado significativamente, pero asumir por ello que estas tienen los niveles de asistencia y recaudación deseados, sin haber realizado el más mínimo cálculo de la venta de entradas, sería un error. Eso sería como suponer que la educación superior ha mejorado sólo porque la cantidad de universidades e institutos ha ido aumentando, cuando en realidad no es así.
El Instituto Nacional de Cultura (INC) no tiene ni una cifra aproximada. La oficina de Difusión y Promoción de dicha entidad apenas tiene una relación de los espectáculos que se realizan en el local del Museo de la Nación, y nada sobre la recaudación obtenida. Lo mismo sucede con el Ministerio de Educación, en la Dirección de Promoción Escolar, Cultura y Deporte (DIPECUD), cuya directora, la señora Carolina Varón, aseguró que tal información no existe.
Los datos referenciales no aportan más de lo que se podría obtener chequeando las agendas culturales de El Comercio o el catálogo de Teleticket. A esta incertidumbre también se suman algunas opiniones adversas de especialistas del medio, como el actor Carlos Gassols, quien en la entrevista que le hizo elcomercio.com.pe después de ser homenajeado en el último Festival de Cine de Lima, afirmó que en el teatro peruano “la oferta es superior a la demanda”.
Tener mayor información sobre la venta de entradas es de suma importancia, teniendo en cuenta que existen entidades como la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático o la Universidad Católica, que otorgan títulos de educación superior en dicha materia. Esto podría ayudar a generar una mejor plana docente y hasta darle mayor valor económico a la profesión.
El Segundo Estudio de Seguimiento de Egresados PUCP, elaborado por la Dirección Académica de Planeamiento y Evaluación (DAPE), revela que más de la mitad de alumnos de la especialidad de Artes Escénicas percibe menos de 500 dólares mensuales por su trabajo, mientras que casi el 70 por ciento desempeña trabajos ajenos al teatro.
El INC y el Ministerio de Trabajo deberían preocuparse por hacer estudios estadísticos del teatro peruano y ver si efectivamente el aparente “boom” es una realidad o sólo una suposición aceptada por la mayoría. Esta labor sería muchos más provechosa que malgastar tiempo y recursos realizando obras de mediana envergadura.
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