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jueves, 3 de diciembre de 2009

Cartas desde mi cama




Por Rudy Jordán

Pese a la picazón sistemática, la barba deshilachada y repentinos achaques en la espalda pienso que soy un suertudo: mi viejita me trae sopitas en las noches, mis patas me han llamado más que al Grupo 5 para eventos de año nuevo y mi familia me flanquea por las tardes como si fuese un objeto de culto- ya un niño Jesús, ya una rareza de museo o como si aguardaran, simplemente, la palabra de un (falso) profeta-.

“Tírate a la cama y verás quien te ama”, dice mi viejo que decía mi abuelo. Lamento que sea una la única frase que atesore de mi nono.

Pues bien, ¿Qué diablos hace un manganzón de 23 años desparramado en la cama durante una semana? Veamos las opciones. No me he metido la bomba de mi vida, no sufro de misantropía, ni padezco de ese nuevo terror a las calles al que algunos huachafos llaman “agorafobia”. Además, mi condición de empleado no me da licencia para esfumarme cuando quiera y dudo que mi jefe me sonría- ensaye un guiño cómplice o me de una palmadita de arenga- si le digo sin motivo aparente: “Ey, Renato, ¿me puedo tomar una semanita?”.

Quizás padezca entonces de una temporada de inmensas preguntas celestes.

Cuarenta pastillas de Dicloxacilina. La pierna 30 grados hacia arriba para engañar a la gravedad. Veinte paños de agua caliente. Este es el armamento con el que he enfrentado a la celulitis, una bacteria que desde hace siete días, cuatro horas y tres segundos (cuatro, cinco, seis), y sin señales de rendición, se ha convertido en la indeseada inquilina de mi tobillo izquierdo.

Estoy enfermo. Sin embargo, mi pierna no es la única que ha mutado. Las horas sobrantes y la redención a esta irrealidad de estar pegado a un colchón paraíso sin fecha de salida, me ha traído otro listín, insospechado, de efectos secundarios. Hablo tranquilo -casi al ritmo del cuy mágico-, no me embuto los chocolates como si estuviera en un concurso gringo de hot dogs y he descubierto, a través de la ventana (diáfana silenciosa), que tengo unos ancianos vecinos japoneses.

He viajado también a Calcuta con un libro de Kapuscinsky, he gozado -como antaño- de todos los goles de las ligas europeas y he avanzado, con la laptop que me prestó mi mejor amigo, mis siempre pendientes quehaceres univesitarios. Cual Van Gogh en alguna banquita holandesa, he descubierto, otro regalo de la diáfana silenciosa, que cada hora tiene, como cada beso de mi Andreita, un color irrepetible. Las combinaciones pueden ser tan intimidantes como hermosas, tan inasibles como infinitas.

De a ratos, sin embargo, me achaca otro paquete, radicalmente distinto, de efectos secundarios: por un lado, culposos (¡No hay tiempo para rascarse la pansa!), también los hay vergonzozos (¡Qué roche que todos estén corriendo para atenderme¡), y hasta los existenciales (¿Qué derecho tengo para ser un testigo del mundo y no uno de sus ilusorios protagonistas?)

En unos días, Dios mediante (como se dice en estos casos), estaré de vuelta en mi escritorio y sin duda ver a mis amigos del trabajo, chequear cables en la ‘compu’ y salir a la calle para hacer entrevistas me inyectará de dosis de entusiasmo. Esto porque, para ser sincero, me gusta mi trabajo y la verdad ya me aburrí de la barba de naufrago, el dolor de espalda y la picazón sistemática en el cuerpo.

En mis días rutinarios- incompatibles con la pausa- quisiera incluir esas conversaciones sin prisa, esas reuniones familiares, esos besos multicolores y esos atardeceres…y esos atardeceres. Ojalá que estos síntomas, no sean solo contagiaos de un cumpleaños, de la despedida de un amigo o de una exótica bacteria alojada, repentinamente, en el tobillo izquierdo de un familiar (creía, hasta hace una semana, que la celulitis era solo para mujeres). Quizás estos efectos, por secundarios, puedan pasarnos desapercibidos y volverse inmunes a nosotros. Quizás esa sí sea una bacteria incurable

martes, 1 de diciembre de 2009

“Aunque todas deberían regirse según la Ley Universitaria, muchas universidades se gobiernan como les da la gana”

Julio de 1980. A vísperas de la transición democrática, en el Perú existe alrededor de 30 universidades, de las cuales la tercera parte son privadas.

Noviembre 9 de 1996. El Congreso de la República promulga el Decreto Legislativo N° 882, Ley de Promoción de la Inversión en la Educación. Ahora todo persona natural o jurídica puede crear o adquirir centros educativos con fines de lucro.

Enero del 2004. Hay un total de 33 universidades públicas y 47 privadas. Sesenta cuenta con rectorado y el resto está en proceso de conformar uno.


Cuarto trimestre del 2008. Miriam Cabra Bravo, enfermera del Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado–Hideyo Noguchi”, recibe una solicitud para enseñar en la Universidad Privada Los Ángeles de Chimbote, en la sede del Cono Norte, de parte de Gladys Godos Lozada. La sede está localizada en Michel Fort 298, San Martín de Porres, a la altura de la cuadra dos de Eduardo de Habich. Ésta resulta ser una vivienda común y corriente, y las aulas son simples habitaciones.

Al ingresar en el edificio, Miriam es recibida por un señor que parece ser trabajador de construcción (debido a que llevaba un martillo y otras herramientas), una chica que andaba en sandalias y la propia Gladys. Miriam conoció a Gladys en un evento en el colegio I.E. 3030 “Santísima Cruz”, donde la vio interpretando canciones folklóricas. Más tarde Miriam se enteraría que aquella mujer que salió a alegrar los comensales con pintorescas estrofas, era, según ella misma, abogada y conocía de enfermería.

Miriam deja su currículum en el local de la Universidad, y antes de retirarse, Gladys le comenta las razones por las que quiere que Miriam enseñe ahí: porque los siete cursos que dictan en la sede los enseña ella sola, Gladys, y los alumnos están un poco aburridos y prefieren ver a alguien más.

La Universidad Privada Los Ángeles de Chimbote estableció su sede en el Cono Norte a través de un convenio con la empresa Educa Perú E.I.R.L., según la página web de la propia Universidad, aunque dicha empresa no figura en los registros de la Sunat.

Según aparece en las Páginas Amarillas, el domicilio fiscal de Educa Perú E.I.R.L es la misma vivienda que está en Michel Fort, San Martín de Porres, pero el número telefónico que registra (4815755) corresponde a otra vivienda que está a cuatro cuadras de distancia.

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¿Es éste un caso particular o es acaso el paradigma de los centros educativos superiores con fines de lucro? ¿Cuánto ha afectado la proliferación de universidades privadas a la calidad de la enseñanza?

Para esclarecer estas dudas conversamos con Diana Revilla Figueroa, docente de la Facultad de Educación de la Universidad Católica desde 1984, con un diplomado en Autoevaluación de Carreras Universitarias.

¿Cómo ve que ha cambiado la calida de la enseñanza en los últimos tiempos?

Yo creo que en el siglo XIX la educación sí está sufriendo cambios fuertes debido a la alta competencia y la exigencia de la validación, tal como lo señala la Nueva Ley Universitaria. Ésta exige profesores calificados para que la plana docente sea de calidad.

¿Qué determina que un profesor sea de calidad?

Hay dos contextos en donde los docentes se forman: las facultades de Educación y los institutos pedagógicos. En éstos últimos encontramos más estudiantes debido a que son más económicos.

Ahora, ninguno de los dos basta porque el profesor debe buscar cómo perfeccionar su estudio con maestrías o diplomados, lo que le da otra condición. Para ello hay que buscar que el profesor haga investigaciones y las publique. Incentivar eso depende de las políticas que cada universidad o instituto, pero la gran mayoría lo hace.

Muchas veces vemos a un mismo profesor trabajando en varias universidades al mismo tiempo, en unas con mayor prestigio que otras. ¿Qué determina finalmente la calidad de un centro de estudio? ¿El profesor o la institución?

Depende de ambos. Lo que sucede es que hay universidades que cuidan más a su plan de enseñanza, sus normas, que a su profesorado. Otras, más bien, dan mayor libertad al profesor. No hay un estudio formal que diga si uno vale más que el otro, pero en sí depende de ambas cosas.

¿Cree que el hecho de que haya más universidades ha perjudicado la calidad de la enseñanza?

Hay un incremento de universidades, sí, pero no todas surgen en la mejor condición. Pero el número de centros educativos no es un problema siempre que el profesor sepa su materia, conozca de educación y sepa comunicar los conocimientos. No es suficiente con que conozca su especialidad. Lo que se cuestiona es la calidad del servicio, no la cantidad. Yo creo que sucede todo lo contrario: que el mayor número de universidades hace que más educadores estén calificados.

¿Pero no cree que hay una desigualdad entre estas universidades?

Claro, hay universidades que buscan ser más lucrativas, que se preocupan más por vivir día a día que del asunto de la exigencia (educativa). Por eso hay universidades cuyas carreras no están acreditadas, que deben mejorar su plana docente y su infraestructura. Estas universidades deben mejorar con presión externa.

¿Y por qué muchas no lo hacen?

Porque, aunque todas deberían regirse según la Ley Universitaria, muchas universidades se gobiernan como les da la gana. Es así que uno encuentra una gran diversidad de ofertas educativas, cronogramas y costos.

¿Cuál es el perfil del estudiante de Educación?

Los estudiantes de Educación son de perfil variado, son personas con vocación social, que por lo común han escogido esta profesión porque no han logrado ingresar en otras carreras, pero que en el camino han ido descubriendo su vocación educativa. Son de estratos económicos medios y bajos, y provienen en su mayoría de colegios estatales.

Si bien hay más facultades de Educación, ¿cree que la cantidad de gente que quiera ser profesor ha descendido?

La cantidad de alumnos ha ido descendiendo. En el caso de la Universidad Católica, en la década del 80 habían 82 alumnos en la Facultad de Educación. Luego esa cantidad fue reduciendo a 60, luego a 40 y hoy en día hay entre 32 a 35 alumnos. ¿Por qué? Yo creo que se está asegurando la selectividad, ya que la cantidad de vacantes también ha ido decreciendo.

Pero en las (universidades) estatales la cosa es diferente: son (económicamente) más cómodas y tienen más vacantes. Hablamos de cantidades como de 200 personas. De que hay gente, hay gente. Otra cosa es dónde quieren estudiar, si en un instituto o en una universidad. El mejor ejemplo es la Universidad La Cantuta, en Chosica, que está completamente dedicada a lo que es educación.

¿Cree que esa demanda se deba a que es una profesión remunerativa?

No (risas), definitivamente no. Cualquiera que se dedique a esta profesión la ejerce en diferentes lugares. Muy pocos reconocen al docente, por eso no todas las (universidades) privadas pagan bien. No es una carrera como para que digas “voy a hacerme rico”. Uno busca siempre otros ingresos que complementen lo que uno gana en la universidad.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Esa marca es… “Tacachando”

“Nos negaron la licencia porque no conocen la realidad de la palabra”

Por: Ronald Cotaquispe


Aldo Díaz Sinarahua tiene tres facetas en su vida, unas más conocidas que otras. Por las tardes, en un edificio de Miraflores, realiza trabajos de producción y edición de audio y video; mientras que los sábados por la noche es locutor en el programa ‘El show de los sueños’, que conduce Gisela Valcárcel.

Y finalmente está su faceta como empresario, que ha recibido un revés por culpa de Indecopi, que se ha negado a aceptar la solicitud de Aldo para patentar la marca de su franquicia de comida rápida: “Tacachando”.

Aldo empezó el proceso en setiembre del 2008, y tras un año de engorrosos trámites y el pago de más de 800 soles, le llegó la notificación con la negativa. Él actualmente ha dejado el tema un poco de lado, y prefiere concentrar sus esfuerzos en sacar adelante su franquicia aún sin la venia de Indecopi.

Aldo es conocido como “El Negro” en el edificio de Miraflores en donde trabaja, y debido a que es oriundo de la selva, es bastante campechano en su forma de hablar y expresarse.

−A ver, compadre, ¿cómo es el tema? Cuéntame−me dice.

−Me enteré que usted trató de registrar una marca en Indecopi, pero que al final le negaron la solicitud. ¿Por qué?−pregunto.

−Mira, te voy a explicar más o menos cómo fue la cosa. Mi madre es de la selva y prepara Juanes y todo. Vinimos a Lima y la forma de vida que tuvimos fue de comerciantes. La idea que se nos ocurrió a la nueva generación fue mejorar el asunto, meterle reingeniería y así consolidar esa tradición. Entonces pensamos: ¿por qué no sacamos una marca? Y sacamos “Tacachando”. Nos presentamos ante Indecopi y absurdamente nos dicen que no pueden registrar esa marca. Hemos apelado y toda una serie de cosas, pero este país es así.

−¿Por qué razón les dijeron que no podían registrar la marca?−pregunto.

−Por un tema de honorabilidad, respeto al pudor y todo lo demás, lo que me parece una estupidez, hermano. “Tacachando” es la acción de moler el plátano para preparar la comida. Pero los huachafos de este país, sólo porque están en un escritorio, creen que pueden negarte la licencia sin ningún tipo de criterio. Nos negaron la licencia porque no conocen la realidad de la palabra. La gente de la selva sabe lo que es tacacho, lo que es tacachar. Son palabras naturales ahí. Pero eso no lo entienden en un país huachafo.

−¿Pero ustedes escogieron ponerle “Tacachando” a su marca porque la palabra significaba moler el plátano o porque podía ser entendida como el acto sexual?

−Mira, nosotros somos publicistas de profesión, y esto no se ha creado de la nada, hemos hecho tests con la gente a la que nos dirigíamos. La gente se mataba de risa con el nombre. Se ha hecho un estudio para el nombre, no es una simple ocurrencia. Hemos estado en dos tiendas en Gamarra. Era una locura, la gente entraba sólo porque les daba risa el nombre y luego se sorprendían porque la comida era buena.

−¿Entonces sí buscaron que “Tacachando” se entendiese con ese doble sentido?

−Para nosotros, que somos de la selva, es natural usar esos términos. Que el resto lo interprete de otra manera es ya un problema de cada quien. Toda la gente que no es de la selva tiene el anhelo de ir para allá alguna vez y levantarse a una hembrita. Tú sabes si eres morboso o no. No ha habido una intencionalidad nuestra de que haya un doble sentido. La gente lo interpreta como quiere interpretarlo, y si eso es un beneficio para que la empresa crezca, bienvenido sea.

El futuro de “Tacachando”
Las decisiones de Indecopi sobre el tema de marcas se emiten de forma escrita, con una resolución que se le hace llegar al solicitante. Pero Aldo se comunicó por teléfono con la persona que rechazó su marca para decirle lo que pensaba: “Es una ridiculez. Cuando usted está con su mujer tras cuatro paredes hace cochinada y media”.

“Tacachando” esa una franquicia de comida rápida que se vende en módulos. Actualmente hay 10 funcionando y están distribuidos en Minka, el Mall Aventura Plaza y el distrito de Lince.

−El país debería aprovechar las ideas de jóvenes como nosotros para desarrollar marcas−comenta Aldo. Tú sabes cómo está la comida peruana hoy en día. Si yo me voy donde Gastón, le toco la puerta de su casa −Aldo golpea su escritorio− y le digo: “Mira, hermano, esto hemos hecho hace siete años”, yo te aseguro que Gastón les diría a los de Indecopi: “Váyanse al carajo, patenten esto, está promocionando la comida peruana”.

Aldo viene preparando un spot publicitario para promocionar Tacachando en la televisión. Así espera que más gente quiera comprar la franquicia y que el número de módulos aumente.

−Voy a seguir con mi marca, me aprueben o no me aprueben−dice Aldo. No es requisito fundamental para desarrollar empresa en este país, patentar una marca en Indecopi. El requisito fundamental es pagar tus impuestos, y yo soy un tipo que paga sus impuestos. Al final yo me voy a reír de ellos. Le voy a mostrar a la gente con saco y corbata de Indecopi que está equivocada.

Más Datos:

• El de la Decisión 486 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena (Régimen Común sobre Propiedad Industrial), que aparece en Ley de Organización y Funciones de Indecopi, señala que no será registrado cualquier signo distintivo o marca que vulnere las buenas costumbres imperantes en la normal convivencia de la sociedad.

• El proceso para patentar una marca en Indecopi empieza con su publicación en el diario oficial El Peruano. Si en un plazo de 30 días nadie advierte que la marca en cuestión se trata de un plagio, la solicitud para la patente pasa a manos la Dirección de Signos Distintivos, que resuelve si la marca es o no apta para ser registrada.

• En caso se le niegue la patente al solicitante, éste puede apelar, y la decisión pasaría a segunda instancia con Comisión de Signos Distintivos. Si tanto la primera como la segunda instancia niegan la solicitud, el caso puede pasar a manos de la Sala de Propiedad Intelectual de Indecopi, que decide de forma inapelable.

• En opinión de Alfredo Maraví Contreras, catedrático con maestría en Derecho de la Propiedad Intelectual, está bien que se use el artículo 135 para impedir que se registren marcas que resulten exageradamente ofensivas, con insultos, pero no expresiones que sólo son poco elegantes.

lunes, 9 de noviembre de 2009

“UNA MOCHILA AL HOMBRO Y LAS GANAS DE LO INCIERTO.

Testimonio de un viaje, realizado por Glenda Huerto Vizcarra (23), en donde el itinerario es nuestro interior.

Por César Caballero

“Que difícil esto de ponerse a contar una vida o un solo viaje” nos dice Glenda, estudiante de antrpologia de la PUCP, quien aún no se había atrevido a procesar todo lo que sucedió y lo que significo lanzarse a esta aventura por tierras lejanas”.

Hay una canción que me hace recordar cómo empezó toda mi travesía, es algo así como “I can see you’re out of asses...” (Puedo verte sin un As). Sin saberlo o quizá sabiéndolo, mi vida llegó a un punto donde los ases se acabaron o nunca estuvieron en mi mano. Recordando hoy, esa fue una de las razones que me motivó a aplicar para una beca a Japón. Si bien se puede decir que a veces una hace las cosas por hacerlas, siempre hay una razón oculta.

El viajar a Japón no fue solo una experiencia para conocer una realidad distinta y distante sino también para hacer un insight (visión interna) en mi vida.

Todos se preguntarán ¿Cómo lidiar con un país del cual conoces tan poco y del cual no manejas su idioma? Ese creo que fue el reto, fueron dos niveles de conocimiento, compenetrados y complementarios. Aprendí desde lo más elemental, a usar los Hashi (palitos) y comer sushi y sashimi. Hasta lo más complejo e importante como sus costumbres culturales.

A medida que pasaba el tiempo se armaba el rompecabezas: las piezas cobraban. Obviamente comenzar de cero con el idioma, nos dimos cuenta que más aprendíamos cuando estábamos fuera de los salones de clase. Es que al comenzar lo primero que te enseñan son los modos formales, demasiado formales de hablar mientras que en el mundo real, la situación es otra.

En una de las excursiones que tuve con la universidad pise por primera vez un templo japonés, sin zapatos obviamente, el sentimiento fue entre estremecedor y paz infinita. Al separarme un poco del grupo escuché unos pasos sigilosos, una gran fila de monjes se desplazaban en mi dirección. Fue como una brisa tranquila que pasó por mi costado. En ese momento no conoces mucho de la religión japonesa, de los templos, de la vida en ellas y el interés surge -lo comienzas a entender en otro nivel-. Al siguiente templo que vas, ya no lo haces con tanta curiosidad turística, lo haces con cierto respeto y te amoldas a las reglas, a los saludos, como si se volvieran parte de ti.

Te vuelves parte de, pero a la vez sigues siendo diferente, eres un alíen con tarjeta de identidad. No importa si dominas el idioma o no, siempre serás el otro. Increíble la reticencia a reconocer que por más extranjero que fueses puedes hablarles en su mismo idioma. Yo no tuve ese problema porque mi nivel era elemental y, es más, me alegraba que me hablaran o en inglés o en castellano porque por alguna razón entraba en pánico cada vez que alguien se dirigía a mí en Nihongo (idioma japonés; Nihon: Japón- Go: idioma).

Bueno tuve la oportunidad de viajar dentro como fuera del país nippon. Conocí Okinawa, Tokyo, Hiroshima, etc. Y tambien fuera, el primer destino fue China. Con este país hay toda una historia detrás que se remonta hasta mi infancia y esa alternativa se presentaba como la oportunidad perfecta de concretar un sueño y conocer otra realidad. Ese viaje lo hice con dos amigos sudamericanos: el trío de latinos que salió a conquistar la Gran Muralla China. El viaje lo hicimos en ferry y ¡que increíble! Por más que haya sido un viaje de 2 o 3 días fue también una oportunidad para conocer gente linda.

Al menos comparado con Japon. Llegar a Shanghái fue reconectarme con mi esencia limeña. Era un caos total. Un desorden particular que se me era extrañamente familiar. Ubicarme dentro de la ciudad fue más fácil de lo esperado. Shanghái es una ciudad portuaria por tanto con gran contacto al mundo externo, mucho turismo, a todas luces se presentaba como una urbe cosmopolita en ebullición. Como si desesperada despertara y se diera cuenta que la mayor parte del día se le fue. Fue curioso pasar de algo más parametrado, cuadriculado como Japón a una china un poco desordenada.

El viaje en tren, varios en realidad, fue muy interesante. Me sorprendió no sé si la amabilidad pero si la facilidad con la que los chinos bajaban sus murallas. Te dejaban acercarte, sí, te reconocían como extraño pero esa extrañeza les resultaba divertida e interesante.

Además de Shanghái, la meta era pasar por Xian y ver a los hombres de Terracota y de ahí saltarnos a Beijing, la gran muralla y conquistarla, y Suzhou también conocida como la Venecia del Oriente. Tuvimos suerte, yo lo considero suerte, el día que llegamos a Beijing fue el día de mi cumpleaños y estaba a unos minutos de cumplir el sueño anhelado. Es que la vida es eso, sueños por realizar y sueños realizados, en tu capacidad por mantenerlos y estar dispuesta a lo nuevo y desconocido. Lamentablemente el mundo es tan grande, y la vida tan corta, que hay que aprovechar cada oportunidad.

El 28 de diciembre estuvimos subiendo la Gran Muralla, decidimos recorrer los 10 km, el recorrido más largo. Fue espectacular llegar ahí porque la noche anterior había nevado ¿Te imaginas presenciar esa maravilla nevada? Las palabras se me fueron, el frío no importó. Bien abrigados decidimos tomarla y aproveche cada segundo, lo respire y lo viví. Claro, extremadamente cansada al final, pero con la sensación más grata del universo. Había tramos que literalmente eran en vertical, 90°, tramos con las paredes laterales caídas y un viento que era capaz de hacerte volar lejos: fue EL Reto.

Ese viaje a china, marco un antes y después, es como si luego de haber llegado hasta allá, todo era posible. De por sí me encanta conocer nuevos lugares, gente nueva, estar inmerso en otras realidades, ser parte de ello o al menos tratar y a partir de ahí el planear viajes a futuro estuvo a la orden del día. Si alguien me preguntara qué es lo que podría asociar yo al vivir, pues sería una mochila al hombro y las ganas de lo incierto. Es la vida misma.

De vuelta a Japón, en un abrir y cerrar de ojos me hallaba preparando un último viaje. El Sudeste asiático e India serian los elegidos. Aún sin creerlo, los trámites de visa salieron, los pasajes comprados y pronto fue momento de decir adiós. Pronto me encontraba dirigiéndome hacia Thailandia, con una amiga chilena planeamos una posible ruta, pero siempre teniendo en cuenta las diversas posibilidades y la mente siempre abierta a lo que pudiera suceder.

Trazamos nuestra ruta desde Bangkock, capital tailandesa, luego subiríamos por el norte para cruzar a la República Popular Democrática de Laos, ese cruce fue espectacular porque lo hicimos en 2 días vía el rio Mekong. Hicimos una parada en la noche en un pueblito donde la luz se cortaba a las 10 pm. Entre lluvia y barro descansamos ahí para partir a la mañana siguiente. Sobre todo Laos me gusto mucho por el paisaje, muy parecido al Perú, sobre todo la zona de la selva, algo tropical. La gente muy parecida y tambien muy amable.

Cambodia. Una vez ahí, la meta final era ir a los templos de y en efecto, ¡lo es!
De nuevo en Thai nos dirigimos a Cambodia, en donde sentí un choque muy grande, bueno el idioma sí, pero más fue el nivel de pobreza o las situaciones de pobreza que se generan en torno a una actividad productiva como el turismo. Aquí la presencia de infinidad de niños que te pedían dinero era increíble. Pero lo sentías mucho más por el contacto físico, no era pedir de lejos y extender la mano, era acercarse y tocarte tanto niños como mujeres que ofrecían servicios como masajes o que se yo en las zonas de playa.

Al llegar a los templos Ankor, una de las grandes maravillas, y sobre todo ver el amanecer en uno de ellos, nos volvió a animar y sí que lo hizo. Luego partimos con dirección a la capital Phnonpen y lo que más me llamó la atención fue el pasado histórico, que no es tan pasado. La época de Khramer Rouge, de conflicto armado, fue una época donde toda la población fue reubicada al campo y al cultivo de arroz. Quizá ese fue uno de los momentos donde me sentí impotente de nuevo y piensas en los errores que no aprendemos.

Seguimos nuestro rumbo y cruzamos a Vietnam. Lo recorrimos de sur a norte, yendo por toda la costa y haciendo paradas en determinadas ciudades. Llegamos a la capital de este país, Hanoi, en donde había todo un caos de motos, bicicletas, vendedores ¡todo! Fue intenso e interesante. Con la comida no tuve ningún problema, todo es apetecible y eso de probar lo local es parte de la experiencia, es una forma de conocer también, y es muy satisfactoria. Con el idioma, básicamente fue el inglés, aunque me sorprendió la habilidad de los vendedores de saber al menos algunas frases en varios idiomas. Ingenuas, creyendo no ser entendidas con el español más de uno nos sorprendió respondiendo las dudas que teníamos. La gente local quizá por el estar acostumbrados al turismo es muy receptiva y lo bueno es que es curiosa también, lo que te da una entrada a poder conocerlos.

El último destino de aquel viaje fue India. Un país demasiado grande para los 10 días que planeamos. Nuestro objetivo principal fue concentrarnos en el triangulo dorado: Nueva Delhi, Agra y Jaipur. En Delhi, el contacto con la gente local, la comida, la forma de ser fue muy directa. Nos trataron como en casa. La comida una exquisitez total y el reto ahí fue comer con la mano. Hasta el yogurt, todo una hazaña. A pesar de su pobreza más que evidente, es un país hermoso.

El Taj Majal, era un punto obligatorio en nuestro recorrido. Impresionante a simple vista, de cerca te deja sin aliento. Está rodeado de zona agreste en su mayoría, fuera del mausoleo es la India caótica, de colores vivos y mujeres bellas usando saris (vestimenta hindú). Me sorprendió la variedad de cosas que puedes comer sin necesariamente alimentarte de carne. También me lleno por completo los cantos de las diversas mezquitas, todos al unisonó, fue como estar sumidos dentro de estas ondas ¡Increíble! Con el idioma, no hubo problema pues a pesar de tratar de hablar en hindi ellos me respondían en inglés.

Por último, pero no menos importante en nuestro recorrido, visitamos el museo-casa de Gandhi, es todo un proyecto el que se viene realizando ahí, muy interactivo, con la participación de muchos jóvenes. Así como también la casa de Indira Gandhi, toda una familia llena de tragedias, pero que murieron luchando por ideales inquebrantables dignos de ejemplo.

Así he resumido de alguna manera toda esta travesía, según yo bien vivida. Donde reí, lloré, amé, me sorprendí, conocí distintas realidades, personas que marcaron mi vida y situaciones que ahora no paso por alto. Fue una etapa donde me di cuenta que el mundo por más complejo que fuera era el mundo donde me toco vivir y que hay que hacer algo. Y no sé si cambiada o no, pero regresé sin querer regresar, fue difícil porque de alguna manera sentía que aún no era el momento de volver a mi hogar. Es como si en el volver me hubiera perdido nuevamente y parte de mi alma no regresara del todo. Alguien me dijo que cuerpo y alma no regresan al mismo tiempo, y creo que es cierto ¿Qué más puedo decir? Soy feliz porque ahora lo tengo más claro, sé que es lo que me hace feliz y ando en eso, construyendo y confabulando para que eso suceda, hay días que cuestan más que otros, pero si no se vencen algunas batallas se vencerá la guerra al final, ¿no?

martes, 29 de septiembre de 2009