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lunes, 9 de noviembre de 2009

“UNA MOCHILA AL HOMBRO Y LAS GANAS DE LO INCIERTO.

Testimonio de un viaje, realizado por Glenda Huerto Vizcarra (23), en donde el itinerario es nuestro interior.

Por César Caballero

“Que difícil esto de ponerse a contar una vida o un solo viaje” nos dice Glenda, estudiante de antrpologia de la PUCP, quien aún no se había atrevido a procesar todo lo que sucedió y lo que significo lanzarse a esta aventura por tierras lejanas”.

Hay una canción que me hace recordar cómo empezó toda mi travesía, es algo así como “I can see you’re out of asses...” (Puedo verte sin un As). Sin saberlo o quizá sabiéndolo, mi vida llegó a un punto donde los ases se acabaron o nunca estuvieron en mi mano. Recordando hoy, esa fue una de las razones que me motivó a aplicar para una beca a Japón. Si bien se puede decir que a veces una hace las cosas por hacerlas, siempre hay una razón oculta.

El viajar a Japón no fue solo una experiencia para conocer una realidad distinta y distante sino también para hacer un insight (visión interna) en mi vida.

Todos se preguntarán ¿Cómo lidiar con un país del cual conoces tan poco y del cual no manejas su idioma? Ese creo que fue el reto, fueron dos niveles de conocimiento, compenetrados y complementarios. Aprendí desde lo más elemental, a usar los Hashi (palitos) y comer sushi y sashimi. Hasta lo más complejo e importante como sus costumbres culturales.

A medida que pasaba el tiempo se armaba el rompecabezas: las piezas cobraban. Obviamente comenzar de cero con el idioma, nos dimos cuenta que más aprendíamos cuando estábamos fuera de los salones de clase. Es que al comenzar lo primero que te enseñan son los modos formales, demasiado formales de hablar mientras que en el mundo real, la situación es otra.

En una de las excursiones que tuve con la universidad pise por primera vez un templo japonés, sin zapatos obviamente, el sentimiento fue entre estremecedor y paz infinita. Al separarme un poco del grupo escuché unos pasos sigilosos, una gran fila de monjes se desplazaban en mi dirección. Fue como una brisa tranquila que pasó por mi costado. En ese momento no conoces mucho de la religión japonesa, de los templos, de la vida en ellas y el interés surge -lo comienzas a entender en otro nivel-. Al siguiente templo que vas, ya no lo haces con tanta curiosidad turística, lo haces con cierto respeto y te amoldas a las reglas, a los saludos, como si se volvieran parte de ti.

Te vuelves parte de, pero a la vez sigues siendo diferente, eres un alíen con tarjeta de identidad. No importa si dominas el idioma o no, siempre serás el otro. Increíble la reticencia a reconocer que por más extranjero que fueses puedes hablarles en su mismo idioma. Yo no tuve ese problema porque mi nivel era elemental y, es más, me alegraba que me hablaran o en inglés o en castellano porque por alguna razón entraba en pánico cada vez que alguien se dirigía a mí en Nihongo (idioma japonés; Nihon: Japón- Go: idioma).

Bueno tuve la oportunidad de viajar dentro como fuera del país nippon. Conocí Okinawa, Tokyo, Hiroshima, etc. Y tambien fuera, el primer destino fue China. Con este país hay toda una historia detrás que se remonta hasta mi infancia y esa alternativa se presentaba como la oportunidad perfecta de concretar un sueño y conocer otra realidad. Ese viaje lo hice con dos amigos sudamericanos: el trío de latinos que salió a conquistar la Gran Muralla China. El viaje lo hicimos en ferry y ¡que increíble! Por más que haya sido un viaje de 2 o 3 días fue también una oportunidad para conocer gente linda.

Al menos comparado con Japon. Llegar a Shanghái fue reconectarme con mi esencia limeña. Era un caos total. Un desorden particular que se me era extrañamente familiar. Ubicarme dentro de la ciudad fue más fácil de lo esperado. Shanghái es una ciudad portuaria por tanto con gran contacto al mundo externo, mucho turismo, a todas luces se presentaba como una urbe cosmopolita en ebullición. Como si desesperada despertara y se diera cuenta que la mayor parte del día se le fue. Fue curioso pasar de algo más parametrado, cuadriculado como Japón a una china un poco desordenada.

El viaje en tren, varios en realidad, fue muy interesante. Me sorprendió no sé si la amabilidad pero si la facilidad con la que los chinos bajaban sus murallas. Te dejaban acercarte, sí, te reconocían como extraño pero esa extrañeza les resultaba divertida e interesante.

Además de Shanghái, la meta era pasar por Xian y ver a los hombres de Terracota y de ahí saltarnos a Beijing, la gran muralla y conquistarla, y Suzhou también conocida como la Venecia del Oriente. Tuvimos suerte, yo lo considero suerte, el día que llegamos a Beijing fue el día de mi cumpleaños y estaba a unos minutos de cumplir el sueño anhelado. Es que la vida es eso, sueños por realizar y sueños realizados, en tu capacidad por mantenerlos y estar dispuesta a lo nuevo y desconocido. Lamentablemente el mundo es tan grande, y la vida tan corta, que hay que aprovechar cada oportunidad.

El 28 de diciembre estuvimos subiendo la Gran Muralla, decidimos recorrer los 10 km, el recorrido más largo. Fue espectacular llegar ahí porque la noche anterior había nevado ¿Te imaginas presenciar esa maravilla nevada? Las palabras se me fueron, el frío no importó. Bien abrigados decidimos tomarla y aproveche cada segundo, lo respire y lo viví. Claro, extremadamente cansada al final, pero con la sensación más grata del universo. Había tramos que literalmente eran en vertical, 90°, tramos con las paredes laterales caídas y un viento que era capaz de hacerte volar lejos: fue EL Reto.

Ese viaje a china, marco un antes y después, es como si luego de haber llegado hasta allá, todo era posible. De por sí me encanta conocer nuevos lugares, gente nueva, estar inmerso en otras realidades, ser parte de ello o al menos tratar y a partir de ahí el planear viajes a futuro estuvo a la orden del día. Si alguien me preguntara qué es lo que podría asociar yo al vivir, pues sería una mochila al hombro y las ganas de lo incierto. Es la vida misma.

De vuelta a Japón, en un abrir y cerrar de ojos me hallaba preparando un último viaje. El Sudeste asiático e India serian los elegidos. Aún sin creerlo, los trámites de visa salieron, los pasajes comprados y pronto fue momento de decir adiós. Pronto me encontraba dirigiéndome hacia Thailandia, con una amiga chilena planeamos una posible ruta, pero siempre teniendo en cuenta las diversas posibilidades y la mente siempre abierta a lo que pudiera suceder.

Trazamos nuestra ruta desde Bangkock, capital tailandesa, luego subiríamos por el norte para cruzar a la República Popular Democrática de Laos, ese cruce fue espectacular porque lo hicimos en 2 días vía el rio Mekong. Hicimos una parada en la noche en un pueblito donde la luz se cortaba a las 10 pm. Entre lluvia y barro descansamos ahí para partir a la mañana siguiente. Sobre todo Laos me gusto mucho por el paisaje, muy parecido al Perú, sobre todo la zona de la selva, algo tropical. La gente muy parecida y tambien muy amable.

Cambodia. Una vez ahí, la meta final era ir a los templos de y en efecto, ¡lo es!
De nuevo en Thai nos dirigimos a Cambodia, en donde sentí un choque muy grande, bueno el idioma sí, pero más fue el nivel de pobreza o las situaciones de pobreza que se generan en torno a una actividad productiva como el turismo. Aquí la presencia de infinidad de niños que te pedían dinero era increíble. Pero lo sentías mucho más por el contacto físico, no era pedir de lejos y extender la mano, era acercarse y tocarte tanto niños como mujeres que ofrecían servicios como masajes o que se yo en las zonas de playa.

Al llegar a los templos Ankor, una de las grandes maravillas, y sobre todo ver el amanecer en uno de ellos, nos volvió a animar y sí que lo hizo. Luego partimos con dirección a la capital Phnonpen y lo que más me llamó la atención fue el pasado histórico, que no es tan pasado. La época de Khramer Rouge, de conflicto armado, fue una época donde toda la población fue reubicada al campo y al cultivo de arroz. Quizá ese fue uno de los momentos donde me sentí impotente de nuevo y piensas en los errores que no aprendemos.

Seguimos nuestro rumbo y cruzamos a Vietnam. Lo recorrimos de sur a norte, yendo por toda la costa y haciendo paradas en determinadas ciudades. Llegamos a la capital de este país, Hanoi, en donde había todo un caos de motos, bicicletas, vendedores ¡todo! Fue intenso e interesante. Con la comida no tuve ningún problema, todo es apetecible y eso de probar lo local es parte de la experiencia, es una forma de conocer también, y es muy satisfactoria. Con el idioma, básicamente fue el inglés, aunque me sorprendió la habilidad de los vendedores de saber al menos algunas frases en varios idiomas. Ingenuas, creyendo no ser entendidas con el español más de uno nos sorprendió respondiendo las dudas que teníamos. La gente local quizá por el estar acostumbrados al turismo es muy receptiva y lo bueno es que es curiosa también, lo que te da una entrada a poder conocerlos.

El último destino de aquel viaje fue India. Un país demasiado grande para los 10 días que planeamos. Nuestro objetivo principal fue concentrarnos en el triangulo dorado: Nueva Delhi, Agra y Jaipur. En Delhi, el contacto con la gente local, la comida, la forma de ser fue muy directa. Nos trataron como en casa. La comida una exquisitez total y el reto ahí fue comer con la mano. Hasta el yogurt, todo una hazaña. A pesar de su pobreza más que evidente, es un país hermoso.

El Taj Majal, era un punto obligatorio en nuestro recorrido. Impresionante a simple vista, de cerca te deja sin aliento. Está rodeado de zona agreste en su mayoría, fuera del mausoleo es la India caótica, de colores vivos y mujeres bellas usando saris (vestimenta hindú). Me sorprendió la variedad de cosas que puedes comer sin necesariamente alimentarte de carne. También me lleno por completo los cantos de las diversas mezquitas, todos al unisonó, fue como estar sumidos dentro de estas ondas ¡Increíble! Con el idioma, no hubo problema pues a pesar de tratar de hablar en hindi ellos me respondían en inglés.

Por último, pero no menos importante en nuestro recorrido, visitamos el museo-casa de Gandhi, es todo un proyecto el que se viene realizando ahí, muy interactivo, con la participación de muchos jóvenes. Así como también la casa de Indira Gandhi, toda una familia llena de tragedias, pero que murieron luchando por ideales inquebrantables dignos de ejemplo.

Así he resumido de alguna manera toda esta travesía, según yo bien vivida. Donde reí, lloré, amé, me sorprendí, conocí distintas realidades, personas que marcaron mi vida y situaciones que ahora no paso por alto. Fue una etapa donde me di cuenta que el mundo por más complejo que fuera era el mundo donde me toco vivir y que hay que hacer algo. Y no sé si cambiada o no, pero regresé sin querer regresar, fue difícil porque de alguna manera sentía que aún no era el momento de volver a mi hogar. Es como si en el volver me hubiera perdido nuevamente y parte de mi alma no regresara del todo. Alguien me dijo que cuerpo y alma no regresan al mismo tiempo, y creo que es cierto ¿Qué más puedo decir? Soy feliz porque ahora lo tengo más claro, sé que es lo que me hace feliz y ando en eso, construyendo y confabulando para que eso suceda, hay días que cuestan más que otros, pero si no se vencen algunas batallas se vencerá la guerra al final, ¿no?

lunes, 2 de noviembre de 2009

Fiesta en honor a la Santa de la avenida Tacna


El habitante limeño hace un alto a su vertiginosa actividad diaria para visitar
el Santuario de la avenida Tacna y alrededores: la antigua casa y el barrio moderno de Santa Rosa de Lima. Una de las avenidas más convulsionadas de la ciudad se amansa ante su presencia y se ofrece como punto de encuentro para la variopinta asistencia de fieles a esta anual y popular fiesta.

El carro que conduce a la avenida Tacna va inusualmente lleno este domingo. Muchos de sus pasajeros son mujeres, preparadas por lo visto para algo especial, maquilladas y decorosamente vestidas, tres de ellas con niños en brazos. El sol pinta todo lo que toca, y le devuelve el color a lo que bajo el cielo gris de Lima parece haberlo perdido.


El calor humano compite con el calor ambiental del interior del microbús. El carro va lleno, aunque no como un típico transportista de Lima lo entendería: no hay codazos, ni pisotones, ni una voz sargentona diciendo que 'al fondo hay sitio'. Además, las vías están libres, o al menos las que conducen al centro de la ciudad, donde seguramente por ser 30 de agosto acabará la fluidez con la que hasta ahora se avanza.

Y, efectivamente, eso es lo que ocurre. A cuadra y media del puente Prolongación Tacna, un contingente de policías motorizados agita las manos hacia su derecha, indicando que desde ahora el microbús tendrá que seguir su ruta por la también congestionada avenida Abancay.

En seguida, la vieja unidad de la línea 104C se queda casi vacía. El murmullo de los pasajeros indica muy poca sorpresa ante lo que ven, e incluso se puede oír a un niño decir "mamá, ya llegamos". Así es, llegamos a la gran fiesta de Santa Rosa de Lima, cuyo núcleo es la iglesia que lleva el mismo nombre y se erige a media cuadra del final del puente.

El brillo solar revela más expresivos que nunca los rostros de los limeños, tanto que no cuesta adivinar lo que dicen al conversar entre ellos, como aquella señora que indica con la mirada a su esposo no comprar aún los sobres de carta de Santa Rosa, sino "más allacito".

Como orbitando entre los policías, no menos de cinco ambulantes ofrecen sus productos a los recién llegados, quienes tendrán que seguir a pie el recorrido hasta la iglesia que forma parte del Santuario de Santa Rosa. Dos o tres de los comerciantes intervienen a las familias con el brazo extendido y un ramillete de sobres de carta en la mano que llevan impresa la imagen de la Santa del 30 de agosto.

Pulseras, figurillas, medallas, o incluso "conozca su peso al paso" ofrecen los ambulantes, apostados en la berma central y las veredas laterales del puente bloqueado. Según cuenta un vendedor, "el alboroto empezó a las diez de la mañana, como cada año, siempre es así".

Tras el puente, a lo lejos, se divisa una muchedumbre que se extiende hasta la avenida Colmena, varias cuadras más abajo. Se empiezan a oír bombardas, que hacen eco entre los viejos edificios de la avenida Tacna. El estruendo acelera el ritmo cardiaco y hace caminar más rápido a algunos, como obligados a no llegar tarde a una cita importante.

Una señora no menor de sesenta años utliza la fachada de la iglesia para ir escribiendo su carta dirigida a Santa Rosa. A su vez, van apareciendo por la vereda madres y novicias, a quienes no se les ve a menudo por las calles de la convulsionada avenida Tacna, pese a que habitan el Santuario.

Muy cerca de ahí, una rejilla de acero sobrepuesta divide en dos la vereda contigua a la iglesia, canalizando el ingreso al patio exterior de la contrucción. El panel colocado cerca de la entrada ayuda a los visitantes a seguir en procesión la imagen de quien fuera en vida Isabel Flores de Oliva.

Ya adentro del Santuario, repartidos por doquier, los fieles se agrupan conforme a la tradición con la que prefieren cumplir primero. Esta la señora que arroja monedas al techo de un cubículo de vidrio que protege el diminuto recinto en el que, según se dice, Santa Rosa acostumbraba orar. Y hay el padre de familia que, tras una espera aproximada de 40 minutos, recorre impaciente el último tramo de la cola que conduce al popular Pozo de los Deseos.

La hora avanza, se oyen campanilleos que indican el final de la misa celebrada en la capilla y la gente agiliza las manos, escriben sus cartas como pueden y donde pueden. Incluso la espalda de un familiar es adecuado para terminar de plasmar en el papel los deseos que la dueña de casa deberá cumplirles en el transcurso del año siguiente; desde luego, conforme a su fe y a sus buenas obras.

Algunos de los visitantes que abandonan el Santuario no parten sin antes echarle ojo a una habitación, en cuya fachada un letrero marmoleado anuncia "Santa Rosa de Lima nació en este lugar el 30 de abril de 1586". Entre murmullos, miembros de una familia se preguntan si alguna vez el recinto pudo recibir visitas, y no como ahora, que tiene las puertas bloquedas por puestos improvisados de adornitos religiosos.

Ya son las dos con cinco y las sombras de los edificios más altos de la avenida Tacna refrescan el ambiente impregnado de olor a incienso y carne a la parrilla. Poco a poco parece haber más ambulantes que transeúntes, pero la cola que conduce al Pozo sigue creciendo, llegando a bordear ocho cuadras hasta la avenida Chancay, a espaldas del Santuario.

A estas alturas se nota ya el cansancio de los muchos que aún esperan su turno para arrojar su carta al Pozo. Los niños se muestran exhaustos, como aquella que toma las piernas de su padre y se aferra a ellas, apoyada en los empeines para no caminar más. Y no faltan quienes aprovechan de esto para vender espacio en la cola al módico precio de "dos luquitas" si se desea avanzar algo, y hasta cuatro, si se quiere liderar la fila.

Ajenos a ese mundo que suelen ser las colas, varios policías participan de una ceremonia en honor a su patrona. Ellos también cuentan con su imagen santa, muy aparte de la que tiene el Santuario y que seguramente continúa ahora en procesión por el centro de Lima. Su 'Santa Rosa' viene de Radio Patrullas de La Victoria y la han ubicado a escasos metros de su hogar simbólico de la avenida Tacna, en medio de la pista todavía bloqueada.

Los hay de tránsito, a caballo, de explosivos y operaciones especiales. Los policías han tomado el primer segmento de la avenida Tacna para ofrecerle un espectáculo de bandas y compañías de desfile a la Santa. Algunos civiles se integran a ese homenaje y se dan el gusto de apreciar la solemnidad de marchantes en edad escolar y, en especial, el cierre protagonizado por palomas que recuperan desesperadas aquello que simbolizan: la libertad.

Dan las tres de la tarde y el tráfico en la avenida Tacna se restablece. Una vendedora de cartas que camina al costado de la aun extensa cola del Pozo ofrece su mercancía a otra mujer, corpulenta, blancona y con el cabello teñido hecho un moño. "¡Ya estamos grandecitos para eso!", replica y, sin detenerse, agrega "es que Dios está en mi alma", mientras ríe y se aleja ante la mirada perpleja del público y la vendedora.

El movimiento es cada vez menor a las afueras del Convento. A tres cuadras, la 'Santa Rosa' del Santuario visita la Iglesia de Santo Domingo, donde siglos atrás la joven Flores de Oliva se ordenó de dominica. Ahí, la multitud agotada de tanto caminar le sigue los últimos pasos al anda, tras esperar el final de otro homenaje preparado por la comunidad de esa parroquia.

A muchos la hora del almuerzo se les ha pasado de largo y empiezan a codearse entre compañeros y familiares, ya no solo por ver entre el tumulto de cabezas a la Santa, sino para proponer su idea de menú dominical. Es momento de aguzar el olfato y dejarse llevar por la humareda que emana de las parrillas de anticucheras, dispuestas en calles angostas como jr. Ucayali.

El nuevo punto de encuentro es cada callecita o estacionamiento en el que se ofrezca comida criolla, tan típica de la ocasión como lo es el rachi, el choncholí o la 'papa con ají'. Hay, desde luego, quienes prefieren irse al Norky's, Roky's, o alguna otra pollería que, talvez sin quererlo, insinúa tener un solo dueño con la "'s" final que le añade a su nombre.

Pero la tradición se impone. En toda una hilera cubierta de coloridas sombrillas, el comercio fluye entre anticucheras y transeúntes. En delantal y gorrita blancos, ellas toman aire y pronuncian potentemente cada nombre de su oferta culinaria. Compiten, y mucho, pero una vez ganado y despachado el cliente, cuchichean fraternalmente entre ellas "¿cholita, a qué hora te quitas?", "hasta las últimas, negra".

Se han ganado un puesto del jr. Ucayali asociándose y madrugando. Por eso, no extraña que sean tan territoriales. La misma morena enorme que con voz maternal minutos antes te ofrecía "pregunta nomás, amiguito, a sol el panchito", la puedes ver ahora repeliendo a la competencia improvisada que le sale al paso. "¡Fuera de aquí, vienen a malograr el negocio nomás! ¡te estoy advirtiendo, ah!".

Para muchos, el día ha concluido. En un parque aledaño a la iglesia de Santa Rosa, algunos se hacen la "carita pintada", otros pasean en chachicar y hay quienes se refrescan en la pileta. Solo los ambulantes le exprimen todo lo que pueden a los últimos instantes de la festividad.

Pese a tenerlo prohibido, un ambulante se cola en el parque. De inmediato, le caen de todos lados agentes del municipio. No le queda otra, se retira y aguarda a las afueras. Talvez los serenos se descuiden nuevamente y pueda vender más tarde sus adornos junto al resto de vendedores empadronados del parque.

Atardece y el sonido del parque automotor limeño se impone otra vez ante la bullanga ciudadana. La puesta de sol vuelve a ensombrecer el asfalto de las calles, testigo mudo de peregrinaciones, colas, oraciones y ronroneo de viejos microbuses.

Es hora de esconder los rosarios, las figurillas sagradas y las buenas costumbres, porque aquí es muy importante ponerse 'moscas'. Aquí, en una ciudad difícil de habitar, donde la criollada convive paradójicamente con el más intenso fervor religioso.

lunes, 26 de octubre de 2009

¡Conoce Huancayo primero!

Por: Karina Reynafarge

Era las 6:30 AM del sábado 19 de setiembre, cuando la camioneta encendió el motor rumbo a la ciudad de Huancayo, pasadas dos horas de camino, y muchos comentarios a razón del buen estado en el que esta la carretera, para llegar a la zona central de nuestro país, llegamos al temido Ticlio, ese lugar que todo aquel que conoció antes señala como el mas frío del mundo, en donde se supone se te congelan las orejas y los dedos sino los cubres con accesorios de lana. Los cuatro viajeros pudimos bajarnos sin problema alguno y disfrutamos de nuestra primera experiencia con nieve, luego de inmortalizar el momento con la mejor de nuestras sonrisas Kodak.

Retomamos nuestro viaje, el paisaje es realmente encantador lleno de pequeñas lagunas, que no mucha gente conoce, lo lamentable es ver los relaves mineros cada vez más cerca de las pequeñas viviendas, los restos de una mina abandonada nos hace lamentar la triste situación que algunos pobladores deben padecer a causa de que nuestras leyes mineras no están bien establecidas.

Cuando llegamos a la Oroya, no ver la contaminación es imposible, este pequeño pueblo se ve triste a raíz de los estragos que le ha dejado la explotación minera, se ve basura en las calles y no nos provoca ni bajar del vehiculo para ver nada es mejor pasar rápido advierte el chofer, pues los niños vienen a pedirnos plata.

Pasa otra media hora de camino y por fin volvimos a ver lindas lagunitas, sin embargo los cerros del camino siguen mostrando estragos del paso de la minería.
Llego el medio día y con el nosotros a la plaza de armas de Huancayo, donde un sol serrano nos recibe con gran entusiasmo.

Al preguntar en las distintas empresas de turismo nos informan que no podemos dejar de ir al convento de Santa Rosa de Ocopa, llegamos al precioso recinto en donde no pudimos pagar la entrada como estudiantes, a pesar de mostrar el carnet universitario, la encargada señalo que solo puede hacernos una rebaja pues la entrada para estudiantes es solo para aquellos que atraviesan la etapa escolar. Después de pagar la entrada de adultos empezamos un curioso recorrido donde pudimos apreciar pinturas de la época de la colonia y los recintos donde hasta el momento habitan las religiosas de esta orden.

Al regresar a la ciudad nos indican que el mejor lugar para comer es detrás de la catedral, lo curioso de esta indicación es que el nombre del restaurante y la ubicación del mismo es igual, es decir el restaurante más conocido es “Detrás de la catedral” queda precisamente ahí, después de comer trucha a la parrilla y descubrir que significaba comer cuy, decidimos pasear por la ciudad en donde todos los pobladores nos anunciaban que al día siguiente tendríamos la suerte de estar en la feria del domingo.

Mientras tanto era propicio visitar el parque de la identidad un curioso lugar lleno de construcciones de piedra, mini castillos hechos de piedra, se pueden recorrer sin costo alguno.

Al llegar la noche la ciudad se entristece un poco y la luces de algunos Pub no son muy atractivos para limeñitos como nosotros que preferimos guardar fuerzas para recorrer la laguna de paca y hacer compras en la feria del domingo.

Despertamos entusiasmados rumbo a nuestro primer Tour del día el destino la laguna de Paca, los guías improvisados después de recitar de memoria las dimensiones de la Laguna nos cuentan que la leyenda indica que en el fondo de ella, se encuentran los tesoros que los incas prefirieron dejar hacer en la laguna a que se los llevaran los españoles, cosa que provoca que mas de un turista quiera lanzarse a buscar.

Al regresar a la ciudad nos dimos con la sorpresa de que la feria del domingo, ya estaba instalada y no es mas que una versión mas autóctona de un mercado de Lima, decidimos ir al pueblo de Ingenio en donde pudimos comer las mejores truchas que jamás habíamos probado en nuestras vidas y aprovechamos para visitar el zoológico donde tampoco pudimos pagar el costo de estudiantes, cosa que en ese momento ya no nos sorprendió, lo sorprendente fue que el guía que se presentara ante nosotros era un niño de nueve años y nos dijera que se encargaba de guiarnos por el módico precio de 5 soles, oferta que no pudimos rechazar, fue el Tour mas gracioso que hemos presenciado pues era admirable la memoria del pequeño cuando describía, cada tipo de trucha y las nombraba hasta por su nombre científico, luego de almorzar con nuestro encantador guía, tomamos la decisión de regresar a Lima.

Nuestro guía nos dijo que si queríamos ir de compras para llevar lindos recuerdos debíamos pasar San Jerónimo de Tunan, pueblo de orfebres en donde uno tiene la posibilidad de comprar joyas a muy bajo costo y hechas con la plata de la mejor calidad, cosa que hicimos sin pensarlo dos veces, recorrimos la mas de 15 joyerías en donde vimos diseños que nada tienen que envidiarles a las mas renombradas de Miraflores, en lo que plata se refiere.

La despedida Huancayo nos la dio un pequeño pueblo de tejedoras en donde conocimos a unos señoras que se están preparando para empezar a exportar sus artesanías fuera nuestro país, al ver esas miradas de esperanza y de ganas de sacar el nombre del Perú adelante no importo volver a chocarnos con la contaminación de la Oroya o ver una vez mas los relaves que deja la minera en cada pueblo de nuestro país en donde extraen mineral.

Lo importante es saber que tenemos bellezas por conocer a seis horas de Lima y que sin un gran presupuesto puedes comer las mejores truchas y tocar la nieve como soñábamos de pequeños.

Ingeniosa Trucha

La entrada a la ciudad se mantiene igual que hace 10 años, la última vez que la visité. El arco en forma de media luna con la frase “Bienvenidos a Ingenio” sigue intacto a pesar de la corrosión de las constantes lluvias. Un viejo cartel del comité de autodefensa del lugar que recuerda los años de la lucha contra Sendero Luminoso, hace saber a los turistas que el paso vehicular solo está permitido entre las 4 de la madrugada y las 10 de la noche. Eso no es tan importante hoy, el centro piscícola cierra sus puertas a las 5 de la tarde así que estoy en hora.
Por Alonso Pahuacho P.

Pareciera ser que la carretera ha sido construida especialmente para que los turistas lleguen hasta el criadero de las truchas y nada más. Uno debe de serpentear una estrecha autopista de doble sentido y subir una cuesta bastante empinada hasta el mismo centro piscícola que se encuentra pasando la ciudad. Allí, está rodeado de restaurantes campestres que ofrecen el platillo especial de la localidad; trucha, pero preparada de mil y una formas: cebiche, tiradito, saltado, a la plancha, frita, etc.

Existen custers que llegan hasta Ingenio desde Huancayo y te dejan en la puerta misma del criadero por la módica suma de 3 soles. Y te bajas en la misma puerta por una sencilla razón: es el último paradero de todo transporte público ya que el terreno se encuentra asfaltado justamente hasta donde se encuentra la entrada a El Ingenio. Más arriba, el camino es de trocha y lo interesante de aventurarse por estos lares es poder encontrar algunos recreos campestres que ofrecen la posibilidad de hacer “pesca deportiva”.

Una gran cantidad de estos restaurantes al paso posee sus propias pozas artesanales donde crían de manera artesanal a las truchas, y le ofrecen al turista la posibilidad de que sea él mismo quien pesque su almuerzo: la trucha que pique el anzuelo es la que te finalmente te fríen y te sirven en el plato. Las cañas de pescar son igual de rudimentarias, hechas con trozos de ramas largas, amarradas con hilo de pescar y de carnada pequeños trozos de carne de trucha porque la verdad es que las truchas son carnívoras.

Un lugar con historia

La oncorhynchus mykiss, más conocida como trucha arco iris, es un pez originario de la Región de río Sacramento, California, en la costa occidental de los Estados Unidos. En 1925, el doctor B.T. Colley y el ingeniero J.F. Mitchell -trabajadores de la Cerro de Pasco Cooper Corporation- fundan en el “Golf Club” de La Oroya el primer criadero artesanal de truchas donde logran producir 50 mil alevinos –peces en estado posterior a la eclosión y anterior a la adultez- que fueron sembrados en el río Tisgho y el lago Junín.

Sin embargo, fue el señor Juan Morales Vivanco el gran promotor de El Ingenio. En 1930, J.F Mitchell le regaló 50 truchas que sembró en el río Chía en una poza artesanal. Las pozas fueron aumentando y el lugar pasó a llamarse “Centro Cooperativo de Piscicultura Junín”. Fue oficializado por el Gobierno a través de la Dirección de Pesca y Caza del Ministerio de Agricultura como una de las principales estaciones piscícolas del país, con el nombre de El Ingenio.

La producción y abastecimiento de ovas y alevinos para el mercado y consumo nacional es quizás la actividad más importante en Ingenio, aunque no la única. También existe un programa social de siembra y resiembra de alevinos que son utilizados para las capacitaciones y estudios que se realizan en el mismo centro, el cual promueve las investigaciones científicas sobre el cultivo de este tipo de peces. Para ello cuentan con un Instituto dentro de sus instalaciones en donde es posible graduarse como “técnico piscicultor” en tan solo 8 meses gracias a un diplomado impartido por profesionales expertos de la región.

Ciclo de la trucha

“Las truchas aptas para la reproducción están en sus estanques máximo hasta 5 años, luego se pasan a otro estanque para la venta, ya dejan de ser reproductoras. El proceso de reproducción se da por campañas; es decir, en cada campaña se da el primer desove de una hembra y así sucesivamente los siguientes años”, comenta Arturo Cuicapusa Rivera, técnico encargado del área de alimentos quien lleva trabajando en Ingenio por casi 15 años.

Los 106 estanques con los que cuenta el centro están divididos en 4 categorías de acuerdo al tamaño del pez: alevinos, juveniles, comerciales y reproductores conformando así un ciclo de vida en forma de círculo que ayuda al proceso de estudio y producción de todas las truchas.

Todo comienza con la reproducción, es decir, cuando nacen los huevos del pescado. Este proceso se hace de forma artificial con la ayuda de los técnicos del centro quienes extraen las ovas y el esperma de cada trucha y verifican que estén en buen estado para la óptima fecundación de la hembra. “Cuando hacen la reproducción, se selecciona tanto hembras como machos. Nosotros mismos hacemos el desove: a las hembras se le extrae del útero las ovas y al macho el esperma; esto se realiza una sola vez al año, ese periodo (la gestación) puede durar 2 o 3 meses y de allí desovan”, añade Cuicapusa.

Los recién nacidos son transportados a incubadoras especiales hasta que finaliza la reabsorción del saco vitelino –estructura embrionaria que produce, transporta nutrientes y oxigeno al embrión- y se convierten en alevinos. Una vez que termina esta etapa, los colocan en estanques especiales con otras truchas de sus mismas características ya que, si no es así, se puede correr el riesgo de que se coman entre ellas dada su naturaleza carnívora.

El siguiente estadio es en el estanque de los juveniles, truchas más grandes y que se encuentran a un paso de la adultez. Una vez llegada a su tamaña máximo, la trucha es colocada en la zona de los reproductores que junta tanto hembras como machos; aquí lo que se busca no es que se reproduzcan entre ellos sino tener en un espacio diferenciado las truchas que están listas para procrear. Como señala Arturo Cuicapusa, luego de 5 desoves de las hembras, todas las truchas de este estanque son pasadas al lugar de comercialización para la venta al mercado nacional.

Mercado Nacional

Aunque Ingenio es conocido en todo el país por su gran historia y ser el centro pionaero en la crianza de truchas en el Perú, nunca han exportado ni un solo pez. Cuicapusa sostiene que su publico consumidor es el mercado local, los mismos restaurantes de comida campestre que hay en la zona y pobladores, tanto del pueblo como los que llegan desde Huancayo. "Vienen, hacen pedidos por kilos, piden a veces 50 ó 60 kilos y les colocamos a las truchas en galoneras especiales que nos traen".

No muy lejos de allí, existe otro centro piscicola que sí exporta a grandes cantidades. Se llama Los Andes y es de propiedad privada; no obstante, carece de un circuito de visitas y funciona hermeticamente alejado de curiosos y extraños. Quizas esta sea la principal diferencia entre Ingenio y los demás: un centro preocupado más por el desarrollo tecnologico y la crianza de truchas para su conservacion que por la venta a gran escala para producir capital. ¿Cuál nos beenficia más? Para el turista la respuesta es más que obvia.