miércoles, 14 de octubre de 2009

“Cuando ponen una cámara en frente mío soy feliz”


Por: Ronald Cotaquispe


El productor de teatro Alex Otiniano, célebre por aderezar las tablas con bustos, posaderas y lisuras del más alto calibre, ha cumplido 49 años de vida. Pero hace sólo una década que inició su carrera, como la conocemos hoy, el siempre controvertido y pugnaz creador de ‘Baño de mujeres’. ¿Qué secretos guarda tras de sí este inusual personaje de la farándula?


Al encender el televisor un lunes por la noche, me entero viendo Magaly TV que a pocas cuadras del Parque Kennedy se estuvo dando rienda suelta a una parranda bulliciosa y efervescente, pero que conserva algunos aires de sobriedad, pues para el dueño del santo es menester guardar cierta compostura debido a su mal estado de salud.


Sé por los periódicos que Alex Otiniano es portador del VIH y que además padece de insuficiencia renal. La primera enfermedad es la secuela que le dejó un antiguo romance con un capitán de la Marina, y la segunda, que le ha causado más angustia debido a los tratamientos, se la debe a la herencia genética de su padre, quien murió en el 87 víctima de este padecimiento.


Al respecto, un dato interesante llama mi atención. Cuando Alex se enteró de aquella noticia se encontraba ensayando una obra en el Teatro Arlequín. No mostró la más mínima señal de aflicción y sólo se limitó a sentenciar: “Tiene lo que se merece”. No había duda de que estaba ante un personaje fascinante.


Alex acepta mi entrevista de muy buena gana y sin poner condiciones, y la fecha pactada me recibe muy cordialmente en su casa. Vive en un edificio grande de tres pisos que aún guarda retazos de la época colonial. Al empezar la entrevista, la primera pregunta que viene a mi mente es sobre su infancia y la relación con su padre.


“Mi padre era un hombre muy machista, que aparte de mi mamá tenía otras familias. De padre y madre somos ocho hermanos, pero de padre somos como 28, porque paraba de allá para acá, por todos lados”, me contesta.


Alex es natural de Cajamarca, pero fue trasladado a la hacienda de sus abuelos en Trujillo cuando apenas era un niño. Ya para ese entonces su familia le tenía preparado un futuro promisorio: iba a ser cura y administrador de empresas. Pero ellos ignoraban que el pequeño Alex ya portaba algunos rasgos que marcarían su futuro farandulero.


−¿Cuándo fue que descubrió que era homosexual?−pregunto.


−Entre los cinco o siete años−contesta−. Yo me daba cuenta que me gustaban mucho los chicos, que me atraían los muchachitos, que me gustaba andar con mis amiguitos. Quería estar con ellos aunque no sabía lo que eso significaba.


Alex estudió Administración en la Universidad Particular de Trujillo. Sus padres eran propietarios de un restorán y querían que Alex se hiciera cargo del negocio, pero él, disconforme con esta decisión, optó por dejar la carrera en el primer ciclo y dedicarse de lleno al teatro, lo que le costó la separación total con su familia: “Tuve un gran problema con mis padres porque había abandonado la carrera sin que ellos se enteraran, y es por eso que me dijeron: ‘tú quieres hacer teatro, ve cómo solucionas tu vida’”.


Sé por anteriores entrevistas que Alex inició su carrera en el teatro gracias a una pareja que lo introdujo en el ambiente artístico por seducción. La identidad de este personaje es un misterio, y sólo en una publicación de Internet encontré una mínima referencia a su persona: Yuri, la primera pareja formal Alex.


Ambos se conocieron en un concurso de baile en Pacasmayo. Alex presentó un número imitando a John Travolta y Yuri apareció interpretando a varios de los cantantes del momento, como Jimmy Santi, Homero y Camilo Sesto. Ambos se asociaron y presentaron un número en conjunto: Alex y Yuri aparecían como John Travolta y Olivia Newton, la afamada pareja de la película Grease. El número empezaba con los dos bailando en el escenario y terminaba con ellos acostados en la cama, como si fueran una pareja de recién casados.


El primer acercamiento de Alex con la farándula fue en la revista de baile ‘Locos y Locas’, que dirigió Efraín Aguilar por el 84. Aquella fue la primera vez que el productor de ‘Baño de mujeres’ se vio inmerso en el mundo de las vedettes, las lentejuelas y las estrellas de “dudosa reputación”. Compartió el escenario con figuras como Paco Ferrer, Analí Cabrera, Coco Marusix, ‘Chibolín’ y Teddy Guzmán. Pero, contrario a lo que podría pensar uno, Alex despreció aquel ambiente que ahora se dedica tanto a promover. Repudiaba la frivolidad de los shows, donde lo único importante eran los atributos despampanantes de las vedettes y el humor provocado por las danzas amaneradas de los bailarines hombres.


La primera disputa verbal farandulera que tuvo Alex fue en ‘Locos y Locas’. A pocos minutos de empezar un show, Nancy Cavagnari, la vedette del momento, llama a los bailarines hombres a tomar sus lugares en el escenario:


−Ya, suban los maricones a bailar. Oe’, tú, maricón, ¿por qué no sales a bailar?


Y no contento con esta afrenta, Alex arremete del modo que ya le es característico:


−Porque yo tengo un nombre. ¿Acaso yo digo voy a bailar con la puta, la perra que está arriba?


“Yo era un empleado y ella la figura, pero aún así no dejé que me faltara el respeto”, comenta Alex, y luego sorbe una tasa de anís mientras yo lo escucho atento. A pesar del impasse, continuó trabajando para la revista de baile. Efraín Aguilar le pidió que se quedara pues era bueno en lo que hacía, pero Alex se retiró apenas culminó su contrato de tres meses.


A partir de ahí, el nombre de Alex Otiniano no volvió a escucharse por el mundo de la farándula hasta el 2000, cuando las cámaras de Magaly TV llegaron a la puerta del Teatro Canout para cubrir un incidente de esos que aparecen en las páginas de espectáculos de los diarios. Horacio Paredes, socio de Alex en el montaje de ‘Baño de mujeres’, había llevado policías para exigirle que le devuelva la escenografía de ‘Baño de hombres’. La obra había sido un fracaso, y Horacio terminó endeudado con Alex, por lo que le dejó la escenografía como forma de pago.


Alex apareció en varios canales de televisión y diarios ofreciendo entrevistas. En ese momento se encontraba produciendo ‘La jaula de las locas’. De pronto la taquilla subió como por arte de magia. Todos querían ver la obra, y eso era gracias la resonancia mediática producto del escándalo, ese atractivo con aire pecaminoso.


‘Baño de mujeres’ se convirtió en la obra teatral más taquillera del Perú, permaneciendo más de siete años en cartelera. Pero esto no había sido posible sin la sazón que sólo Alex sabe darle a los entretelones de su obra: “Si hay un escándalo dentro de la obra, yo lo promociono. Y si puedo inventarlo, lo invento… como que Farid (Ode) está agarrando con la Mercedes Vela, que Mercedes se está agarrando a trompada con Anelhí y que tuve que separarlas... Todo eso adorna, hace que la prensa le ponga interés.”


Cuando Alex menciona el nombre de Anelhí Arias, no evito pensar en la pelea que se armó entre ellos, cuando en el 2007 el productor dijo que la sacaba del elenco por estar “vieja, gorda y fea”. Pero eso no fue nada comparado las palabras que tuvo para Mariella Zanetti. Alex apareció en el programa Lima Limón, afirmando que ella se acostaba con el presidente Toledo a manera de transacción comercial.


−Me acuerdo que con Mariella Zanetti tuvo una pequeña riña−comento.


−Claro, porque ella me dijo que tenía un hermano que era caficho, y yo dije “sí, debe ser, y tú trabajas con él. Tú debes ser una de las más caras”, porque la prensa empezó a decir que el presidente Toledo salía con una vedette, y que yo decía que ella era la vedette. Y ella sin preguntar se lanzó contra mí.


Éste es Alex Otiniano que todos conocemos, el afamado productor teatral que ha traído la concupiscencia a las tablas y que ha hecho de cómicos ambulantes y mujeres con prontuario, actores y actrices. ¿Pero qué fue del Alex que estudió en la Escuela de Teatro de San Marcos, aquel que se le arremolinaba el estómago con las extravagancias de ‘Locos y Locas’?


Cuando Alex dejó la revista de baile de Efraín Aguilar, conformó la asociación cultural El Globo Teatro y se dedicó a la producción de obras para niños. No tuvo mayor suerte. Hasta la década del 80, Lima había sido testigo de un “boom” de obras de teatro. Era común ver producciones por todos lados y la gente asistía a las funciones. Pero todo acabó con la llegada del terrorismo a la capital, que detuvo las aspiraciones de varios dramaturgos, incluido Alex. Las únicas entidades que soportaron el mal momento fueron Oswaldo Cattone y la Universidad Católica.


Me cuenta que aprovechó esas épocas para viajar a Broadway, la meca del teatro mundial. Tuvo oportunidad de ver obras como ‘El fantasma de la ópera’, ‘Cabaret’, ‘La bella y la bestia’. Cuando me relata sobre su estancia allá, noto algo de resignación sus palabras: “La primera vez que estuve en Broadway yo lloraba porque pensaba: ‘¡Qué mierda con él Perú cuando el verdadero espectáculo está en Broadway!’. Pero, bueno, vine acá decepcionado y dije: ‘Bueno, el Perú es otra cosa, es un país subdesarrollado’”.


−¿Y al estar ahí y ver las obras no sintió el deseo de quedarse?−pregunto.


−Sentí nostalgia por haber nacido en el Perú, porque quiero mucho a mi tierra. Quiero a mi familia y a mi país. Dije ‘porqué no nací aquí’, pero no, regresé.


−¿Por entonces qué obras estaba haciendo?


−‘Cuarenta quilates’ con Ivonne Fraysinnet. Empecé a hacer una obra que se llamaba ‘Loca Amanda’ con Ivonne y Hernán Romero, que fue un fracaso cuando vine. Luego puse ‘Happy Birthday Broadway’, una recopilación de los mejores musicales de Broadway, que también fue otro fracaso. Entonces opté por hacer ‘Baño de mujeres’ y ‘La jaula de las locas’ y fue ahí donde me empezó a ir bien.


−Pero una crítica que le hacen es que uno va a ver ‘Baño de mujeres’ para ganarse con los senos de las mujeres.


−Efectivamente. Un gancho es el desnudo. Y si a ese desnudo le sumas una buena obra con un buen argumento, la gente va. Es más, yo estoy convencido de que la gente sabe lo que es teatro por mi persona−Alex da golpeteos en la mesa, cerca de la grabadora−. Veían una buena obra con buenos actores y también veían el desnudo que querían ver, y luego decían: ‘oye, qué bacán, qué bonito que es el teatro’. He ido formando gente para el teatro de la forma más vulgar, de la forma más sensual, pero es gente que va a volver al teatro.


Por último le pregunto si alguna vez hubiese querido formar parte de los círculos culturales de Lima, y él responde:


−Cuando yo terminé la Escuela de Teatro fui a Yuyachkani, pero no me encontré porque no era lo mío. Yo quería ser un productor, un actor conocido y que pueda vivir bien, y lo he logrado. Jamás he tenido sueños de pertenecer a grupos de la Católica, a los grupos culturosos. Eso no es lo mío porque no me interesa. A mí me gusta la farándula, me gusta el escándalo. Cuando ponen una cámara en frente mío soy feliz.

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